lunes, 23 de mayo de 2011

Capitulo 3 LA MENTE DEL CREADOR



     Ya en sus habitáculos, Eva, tendida en el colchón neumático regulable no paraba de mirar al techo, allí se situaba la videopantalla de plasma que ahora le ofrecía una serie de dibujos animados en 3D. Había adquirido la rara habilidad de poder ver ese tipo de películas sin las gafas especiales de obturadores ópticos, no las veía con la misma claridad pero no tenía que estropearse el peinado con las gafas. A su lado, Hugo, incapaz de concentrarse por el ruido de la videopantalla  intentaba aprender algo de los planos de ULISES en su lector digital de documentos.
—Sé que un ser tan increíble como tú no necesita estudiar pero no te parece que esta vez nos llevan ventaja. No creo que los planos de ULISES descansen en tu cabeza esperando aflorar en cualquier momento —de nuevo Hugo usaba el tono irónico con la intención de molestar.  
     Sin embargo Eva no contestó, parecía como si su vista estuviera enfocada más allá de la videopantalla.
—¿Podrías al menos bajar el volumen o conectarte al audífono privado? Yo sí necesito ver estos planos. 
     Eva desvió la vista y mirándolo fijamente se acercó y lo besó en los labios suavemente.
—No necesitas estudiar, según tengo entendido, cada vez que se produce un caso de éstos llaman sólo a uno  de los miembros del equipo al enfrentamiento. No pretendo herir tus sentimientos, pero creo que si es así, seré yo la que nos represente ante el gobierno.
     La cara de Hugo expresó una curiosa mezcla de asombro y alivio.
—Bien, estoy de acuerdo, pero este caso es especial, además, sigo sin saber como vas a competir con un equipo que ha diseñado el ordenador principal si no te estudias los planos y aprendes su funcionamiento.
—No hay tiempo para eso, aunque me quedara toda la noche en vela no conseguiría aprenderme ni un uno por ciento del manual. He de confiar en mi instinto y los conocimientos que he adquirido en nuestras anteriores misiones, no creo que ese ULISES sea tan distinto a otros que hayamos usado antes.
     Hugo agachó la cabeza y mirando de nuevo los planos pareció derrumbarse momentáneamente.
—La verdad es que no creo que lo consigamos, demasiadas cosas a favor de ellos, metidos hasta las cejas en el proyecto ULISES, Sergei uno de los mejores exploradores  del Centro y por no hablar de Ariadna, como sabes su tío es George Sexto, uno de los cinco miembros del Consejo de Gobierno. ¿Sabes que se rumorea que ingresó como exploradora de órbitas gracias a él? Si no, no se entiende que alguien como ella se haya colado en la élite.
     Eva sonrió pensando que ella misma había entrado allí gracias también a un procedimiento anormal. Hugo interpretó correctamente la sonrisa.
—Ya sabes que quiero decir, tú me tuviste a mí para introducirte en este mundo pero tu cerebro hizo el resto Sin embargo esa Ariadna creo que ni siquiera tuvo que hacer las pruebas de ingreso, su tío es un modelo de corrupción. Desde que fue nombrado miembro del Consejo de Gobierno no ha parado de situar a toda su familia en puestos claves del Centro de Vuelo. Sólo  a la inepta de su sobrina no pudo adjudicarle un puesto de poder importante, así que le consiguió una plaza de explorador a como mal menor.
De nuevo Eva volvió a sonreír y no pudo más que contestar esta vez. Le agradaba oír como Hugo menospreciaba a Ariadna, una de las exploradoras con mejor tipo de todo el Centro.
—El verdadero enemigo es Sergei, él es el cerebro y seguramente será mi rival en el proceso de selección. Llevo un rato dándole vueltas a como convencerle de que se retire del proceso y casi no se me ocurre nada.
     Los ojos de Hugo se abrieron mucho más de lo que creía que pudieran al oír esas palabras.
—¿Quieres decir que estarías dispuesta a todo con tal que se retirara?
—Dicho así suena fatal pero la verdad es que sí, como bien dices no tenemos ninguna posibilidad en un enfrentamiento directo, así que hay que procurar que no haya enfrentamiento. Sin embargo, como ya te he dicho, no se me ocurre que se le puede ofrecer a cambio... bueno... la verdad es que si se me ocurre, lo que pasa es que no sé si será suficiente como para hacerle renunciar a la misión. 
—Me estás asustando Eva, ¿en qué estás pensando concretamente?
     La mirada de Eva parecía perdida de nuevo en algún punto del infinito.
—Un enfrentamiento previo.
—¿Qué?
—Bien, presta atención, es obvio que a nosotros nos asusta la confrontación, sabemos que ellos tienen todas las de ganar o al menos las tenían antes que el Navegador intercediera por nosotros. Intervienen en el diseño de ULISES, el tío de Ariadna es miembro del Consejo de Gobierno, Sergei un explorador de primer nivel que me pisa los talones en el ranking. Sólo uno de estos motivos bastarían para que la balanza se inclinara a su favor, y como veras, no sólo hay uno.
Hugo asintió en silencio y Eva continuó.
—¿Pero te has parado a pensar que es lo que puede estar pasando por sus cabezas? Seguramente estarán pensando que ya tenían las plazas aseguradas y sin embargo ahora han de competir por ellas. ¿Y sabes qué te digo? Lo que quizás les puede resultar más preocupante, es que el motivo ha sido que su inmediato superior, el Navegador Interestelar, ha decidido, a pesar de todo lo dicho, que nosotros estamos más cualificados. ¿No te parece que también ellos pueden estar por lo menos asustados? 
—Pues sí, parece razonable.
—Pues imagínate ahora que le quitamos ese miedo, que le ponemos en bandeja su selección mediante un enfrentamiento previo con la condición de que, el que pierda, desista del proceso.  
     La perplejidad era ahora manifiesta en Hugo.
—Ahora sí que no te entiendo, ¿como se lo vamos a poner en bandeja si somos nosotros los que queremos el puesto?
—Muy fácil, cuando le propongamos el enfrentamiento lo estudiaran y estarán casi seguros de poder ganar así que no lo rechazaran. Sin embargo ésa será nuestra oportunidad, al menos eso creo. 
—¿Y qué tipo de enfrentamiento es ése que no podrán rechazar, querida Eva?
—Uno en que Sergei crea que me podrá ganar fácilmente. En La Periferia abundan las competiciones de todo tipo pero básicamente se pueden dividir en dos tipos, las deportivas y las llamadas de liderazgo o valor, unas pruebas éstas últimas en que sólo los más duros sobreviven.
     Hugo se echó un poco para atrás para así poder ver bien el rostro de Eva y comprobar que lo que estaba diciendo era realmente lo que pensaba hacer.
—No te estarás refiriendo a entrar en La Cueva ¿verdad?
—¿A que si no me podría estar refiriendo?
—Pero Eva, La Cueva es un suicidio no una prueba, nadie sabe que hay dentro, y por si eso fuera poco se cuenta que nadie que haya entrado ha salido con vida de allí.
—Sé perfectamente todas las leyendas que corren acerca de La Cueva y lo sé por la sencilla razón de que yo me presente a esa prueba disfrazada de hombre.
—¿Qué tú qué? —esta vez Hugo se levantó de un respingo del colchón neumático regulable y empezó a pasearse nervioso por la habitación. 
—Tú sólo sabes de mí a partir de conocernos, nunca te he contado nada que no quisiera que supieras acerca de mi pasado.
—Ya veo que no —empezaba a estar furioso.
     Eva quedó pensativa unos instantes, como dudando si contar la historia o pasar sobre ella y enfocar de nuevo el problema que les preocupaba. A su mente afloraron los recuerdos a una velocidad tan vertiginosa que no pudo correlacionarlos correctamente hasta transcurridos unos pocos segundos. Decidió hablar.
—Hugo, tú has crecido en el seno de una familia poderosa, nunca has tenido que luchar por nada, abrías la boca y tenías ante ti todo lo que pidieras. La influencia de tu familia ha sido siempre suficiente para abrirte las puertas que a otros se les cerraban, puede que no te hubiera hecho falta pero ahí estaban ellos si se presentaba el más mínimo problema. En La Periferia las cosas siempre han funcionado de forma diferente, allí para que una puerta se te abra tienes que pelear muy duramente. Aquí, en el Centro funciona el ranking y se consiguen puntos asistiendo a conferencias, allí, para escalar posiciones en el ranking social de tu comunidad tienes que jugarte la vida y salir victorioso. Por eso existen las pruebas de liderazgo, son las conferencias de aquí, y entre todas ellas, sólo  La Cueva da el mérito suficiente como para poderte situar en el número uno. Pero La Periferia es mucho más machista que el Centro, entrar en La Cueva era una de las pruebas en que no se admitían mujeres, así que, si alguna quería entrar, sólo tenía una opción, disfrazarse.
—Pero entonces, ¿La Cueva existe de verdad? —preguntó Hugo más calmado y escuchando ya con auténtica atención.
—Sé perfectamente donde está y lo que hay dentro, por eso pienso que puedo ganar.
—Pero según los rumores dentro habitan todos los experimentos genéticos fallidos de nuestros científicos, aberraciones cromosómicas encerradas en lo más profundo. Por eso dicen que sellaron todas las entradas, para que nada ni nadie pudiera entrar... o salir.
—Evidentemente no está sellada del todo hay fisuras y si, estás en lo cierto, ni en tus pesadillas más horripilantes podrías imaginarte lo que hay allí. Por eso el que sobrevive una noche dentro adquiere el respeto de la comunidad de imperfectos.
     Hugo permanecía pasmado ante tal revelación, demasiadas sorpresas el mismo día, demasiadas revelaciones. Por un momento pensó que al no haber tenido un pasado traumático no se encontraba a la altura ni de Eva ni de por supuesto el Navegador.
—Bueno, me tienes en ascuas, ¿qué paso?, ¿Cómo conseguiste que no te descubrieran? No te imagino disfrazada de hombre. Cariño, creo que la misión acaba de pasar a un segundo plano en mi orden de prioridades, esto es mucho mejor que explorar las lunas de Júpiter. 
     Eva quedó pensativa unos instantes. Recordaba con total nitidez todos los detalles, o mejor dicho de su fracaso, de cómo en el último momento se dieron cuenta de que era una mujer y le prohibieron la entrada, de cómo humillo a su familia con esa actitud, y finalmente, de cómo nadie de los que entraron volvió a ver la luz del día. En eso Hugo tenía razón, nunca nadie había sobrevivido pero ¿cómo sino mintiendo iba a conseguir que Hugo accediera a sus planes? De todas formas en algo sí se equivocaba Hugo, no era un suicidio. Durante muchos años había estudiado todo lo relacionado con La Cueva, incluso había tenido en sus manos un protocolo secreto sacado ilegalmente de los archivos del Consejo de Gobierno, y si de algo estaba completamente segura era de que, si no se hubieran dado cuenta de que era una mujer, hubiera sido la primera persona en salir con vida de allí.
     Eva dejó de tener la mirada perdida y la enfocó de nuevo en Hugo.
—Pues tendrás que esperar, eso forma parte del secreto del sumario y ahora déjame he de tener una charla con Sergei sobre una cuestión de liderazgo, espero que como buen espécimen de hombre no la rechace.   
—Pero Eva, no crees que antes deberíamos decírselo a...
Hugo cortó en seco la frase al ver que Eva se dirigía ya hacia el habitáculo de Sergei. Su actitud fría y calculadora no le había impedido lanzar un beso al aire en dirección a Hugo.