lunes, 24 de octubre de 2011

Capitulo 5 de La Mente del Creador


Por la mente de Sergei sólo  se paseaba una idea, ¿para qué arriesgarse? Lo más probable es que Hugo ya hubiera claudicado, o en caso de que todo hubiera ido mal estaría durmiendo debido al efecto de una potente sedante. Un sedante comprado en La Periferia, y que le habían asegurado daba la impresión al que lo tomaba de haber sufrido algún tipo de coma, motivo más que suficiente para no poder ser asignado a la misión en el plazo establecido.
Allí, frente de él, tal y como había supuesto, Eva intentaba hacer que desistieran de presentarse a la prueba de selección. Era demasiado obvio que ambos equipos intentarían algo así, sólo tenía que esperar que Eva se presentara. No consideraba a Hugo con la maldad suficiente como para ser capaz de elaborar un plan de ese estilo, por simple que fuera, así que, cuando Eva se presentó, Ariadna puso una excusa y pidiendo disculpas por no poder quedarse, salió para cumplir su cometido. Cada uno de ellos tenía su parte de cumplir, ella pondría fuera de circulación a Hugo, ya fuera de buenas o de malas maneras, él tendría un doble cometido, entretener a Eva el tiempo suficiente como para que Ariadna consiguiera su objetivo, y la parte más interesante y a la vez motivante a la hora de establecer quien de los dos era el mejor, convencer a Eva de que ella también debía abandonar o drogarla en caso de que no pudiera conseguirlo.
Toda su vida había sido un segundón. Ni que decir tiene que muchos de sus compañeros hubieran ofrecido un brazo a cambio de su privilegiada posición, pero eso a él no le bastaba. Había sido educado en ser el número uno y había peleado por ello, tampoco nadie le había regalado nada ni él lo hubiera consentido. Así, aunque durante su juventud disfrutó durante un tiempo de ese tan ansiado primer puesto, la frustración no tardó en llegar y fue en forma de mujer. De forma inesperada y sin saber siquiera de donde había salido, Eva se lo fue quitando progresivamente todo, su lugar en la escala, las misiones más importantes, incluso su autoestima. Cualquier otro hubiera asumido sin traumatismos ese pequeño tropiezo, ser el número dos no estaba tampoco mal, pero no para él. Toda su personalidad giraba en torno a la cultura del ganador, no había clemencia para el segundo, sólo los números uno pasaban a la Historia con mayúsculas.
Planeó entonces algo así como un golpe maestro para hacerse de nuevo con el control. Todo se centraba en torno a una misión, una misión que, debido a las filtraciones que había oído trabajando como explorador, iba a ser considerada la mayor desarrollada por la humanidad hasta entonces.
Su intuición no falló. Cuando se inició el programa ULISES, un proyecto como otro cualquiera para la construcción de un ordenador superpotente y sin mucho que ver aparentemente con su tarea de explorador , dedujo acertadamente que el Consejo no destinaría cantidades astronómicas de dinero, como comprobó viendo las partidas presupuestarias, en un simple ordenador, si no fuera por algo realmente excepcional. No le quedó más que unir cabos y relacionar el ULISES con el rumor de la misión. Sólo  entonces fue capaz de entrever la posibilidad de tener una baza decisiva a su favor, la inclusión en el proyecto ULISES le daría una ventaja casi insalvable ante Eva. Solicitó tanto su admisión como la de Ariadna en el proyecto y cuando, sorpresivamente, fueron aceptados, atisbó la posibilidad real de arrebatarle el primer lugar a Eva, y comenzó a gestar el resto del plan.
Así, su mente, analítica hasta el infinito, analizó de forma exhaustiva todas las posibilidades. Su participación en ULISES podía ser importante pero no determinante. Decidió entonces que aún se podía garantizar más su elección, quizás por métodos no precisamente limpios, pero  a su parecer, totalmente justificables. Pensó que, si todo salía mal, sólo  podría ser debido al prestigio personal de Eva, como cuando en el colegio establecían al principio los grupos de niños inteligentes y niños torpes y luego, haciendo uso del viejo dicho la primera impresión es la que cuenta, era imposible pasar de un grupo a otro. Si eso ocurría, ellos estarían también preparados. A partir de entonces comenzaron a frecuentar fiestas de gente influyente y poderosa, en las que, invariablemente, se terminaba conectados en una sesión de grupo de Fantasex. Era ahí donde Ariadna, una de las mujeres más deseadas de todo el Centro, jugaba su particular baza convenciendo a unos y otros a través de la maquina virtual, de que ya iba siendo hora de que Sergei y ella tomaran el relevo de Hugo y Eva.
Pero, ya que se trataba de una sola apuesta, había que apostar aún más fuerte, había que contar con algo aplastante y definitivo. Puso de nuevo su maquinaria cerebral en marcha y fue su hermanastro el que le dio la solución. Recordaba aún como su padre, un científico de primer nivel del anillo interior le contó como en una de sus aventuras sexuales a La Periferia la prostituta había quedado embarazada. Al parecer, al principio intentó chantajearlo, tanto ella como el niño tendrían que ingresar en el Centro, o todo aquello  saldría a la luz. Sin embargo y afortunadamente para su padre, por aquellos años el Consejo era más permisivo con este tipo de aventuras, así que éste rechazó el chantaje pero le ofreció la posibilidad de falsificar los certificados de nacimiento del niño, cosa también más fácil en aquellos tiempos, sobre todo para alguien de la posición de su padre. Ahora su hermanastro era también un reputado científico del anillo interior y nadie sospechaba que era un imperfecto, sólo él, Sergei, ya que su padre había muerto hacía ya unos años, conservaba el secreto.
 Y era eso, precisamente eso lo que le llamaba la atención. Por algún inexplicable motivo un cierto paralelismo se le estaba formado entre su hermanastro y Eva. Su hermanastro ingresó en el Centro siendo aún un bebé y por tanto toda su vida se había desarrollado en él, tenía recuerdos y hablaba de ellos cada vez que se terciaba. Sin embargo Eva evitaba hablar de su juventud, nadie sabía de donde había salido, donde había trabajado antes de presentarse a las pruebas de selección para exploradores, o como ella y Hugo se habían conocido por ejemplo. Era sólo  una posibilidad pero esas cuestiones fueron suficientes como para justificar haber adquirido los servicios de un detective de la Comunidad de Observadores, el organismo independiente que velaba por el cumplimiento de las normas internas del Centro de Vuelo.
Las pesquisas no dieron ningún resultado, o mejor dicho tropezaron con el Navegador Interestelar, cuya inmunidad ante este tipo de investigaciones impidió recabar pruebas definitivas. En el informe que llegó a sus manos se llegaba a la conclusión de que, efectivamente, algo raro había ocurrido en el ingreso de Eva en el Centro de Vuelo. Aunque había superado las pruebas de ingreso con una de las más altas calificaciones, ningún cazatalentos oficial la había reclutado. Según lo que habían podido investigar, Hugo, su actual pareja en el Centro, la conoció en uno de los cafés—Karaokes del Centro de Vuelo trabajando como camarera y quedó impresionado por sus habilidades, tanto que le propuso presentarse para las pruebas de exploradora de órbitas. La cosa estaba en que, en ningún café—Karaoke del Centro, recordaban haberla tenido contratada.
Sólo otro sitio, por tanto, podía ser su origen. Con casi la completa seguridad de que todo se inclinaba cada vez más a su favor, viajó clandestinamente hacia La Periferia y le pasó una fotografía de Eva, copiada cuidadosamente de su expediente de ingreso, al departamento de personas desaparecidas, una institución cuyos éxitos se contaban, allí en La Periferia, con los dedos de la mano. Sin embargo Sergei prometió el equivalente al sueldo de un año para aquel empleado que pudiera darle información acerca de si había nacido o crecido allí.
Tuvo que esperar aproximadamente un mes para que un holocorreo le llegara a través de su intercomunicador privado. Al parecer, una tal Eva había desaparecido de allí hacía algunos años y algunos la reconocían como la muchacha de la foto. No habían podido localizar ni a sus padres ni posibles hermanos, así que iban a intentar con parientes colaterales, cosa ésta que al parecer iba a incrementar los gastos. Sergei no tuvo inconveniente en pagar, necesitaba una prueba, algo tangible que le hiciera estar seguro de que, si obligaba a Eva a hacerse un examen genético, no iba a quedar en ridículo. 
Y esa prueba llegó. Fue de nuevo en forma de un holocorreo, en él que el mismo empleado que había iniciado las pesquisas le conminaba a ir de nuevo a La Periferia. Lo que tenía que decirle sólo lo haría a cambio del dinero prometido, al parecer no había encontrado a Eva pero si a alguien que sabía quien era y donde estaba ahora.
Sergei viajó de nuevo de forma clandestina a La Periferia y allí se reunió con su confidente y un individuo, aproximadamente de su edad, que afirmó sin ningún tipo de dudas que la chica de la foto era Eva, una imperfecta con la que había compartido una relación comercial y también sentimental. Le comentó que ambos se dedicaban a comerciar con cintas prohibidas para el Fantasex  y que las vendían sobre todo a exploradores orbitales del Centro de Vuelo. Fue así como conoció a un explorador del que nunca supo el nombre, pero que sospechaba fue por él que le abandonó, ya que un día Eva desapareció y no la volvió a ver hasta que su confidente le enseñó aquella foto.
Por fin la información que necesitaba estaba en su poder, había valido la pena dejarse todo ese dinero por el camino. Eva era una imperfecta y Hugo seguramente había falseado documentos para incluirla en el proceso de selección de exploradores  orbitales. Todos los cabos estaban atados y ya nada podría impedir que Ariadna y él tripularan la ICARO. Nada excepto su hermanastro.
 Fue en una conversación con él cuando vio que, a pesar de todo, aún quedaba un cabo por atar. Si delataba a Eva directamente quizás provocara una investigación más amplia que puede que incluso le salpicara. Quizás no hiciera falta, pensó, puede que sólo  amenazándola con ir con la información al Consejo se asustara y desistiera en caso de tener problemas con ella. Pero no debía subestimarla, no era la número uno por casualidad, debería elaborar un plan alternativo, un plan B, para el caso de que todo fuera inconcebiblemente mal. Fue entonces cuando recordó haber oído hablar de esa sustancia, prohibida en el Centro pero abundante en La Periferia, y que provocaba unos efectos similares al coma. Fue un juego de niños que el traficante de videos le pusiera en contacto con un traficante de Muerte Blanca y que, por otra nada despreciable cantidad de dinero se hiciera con dos cápsulas, cada una de ellas, según le comentó el traficante, con la capacidad de poner a un individuo fuera de juego durante al menos dos días. Así pues, si todo fallaba, ya tenía elaborada toda una trama que sin duda alguna dejaría en tierra a sus competidores mientras ellos surcaban el espacio rumbo a lo desconocido.
Ahora Sergei se felicitaba a si mismo por haber sido tan previsor. Inexplicablemente el Consejo no se había decidido por ellos, sino que los había convocado a un enfrentamiento. Un procedimiento poco habitual, y que él, al igual que Eva, tampoco estaba dispuesto a consumar ya que antes quemaría todos sus cartuchos. Sólo una incógnita flotaba en el aire, ese ofrecimiento de Eva le estaba poniendo más nervioso de lo que estaba dispuesto a admitir.
—Y bien que me dices —Eva presentía que algo estaba saliendo mal, quizás hubiera subestimado a Sergei, pero no, no  se trataba de eso, era como si Sergei guardara un as en la manga.
—Déjame ver si lo he entendido. ¿Me estás proponiendo que vayamos a la famosa Cueva, en La Periferia, y que entremos los dos para ver quien está más capacitado para ir a la misión? Supongo que piensas que sólo uno de nosotros saldrá con vida de allí, pero también puede darse el caso de que no salgamos ninguno, o que salgamos los dos, la verdad, no entiendo que pretendes con eso.
Estaba claro que lo había subestimado —pensó Eva. Tendría que poner más carne en el asador.
—No se trata de una prueba de supervivencia, se trata de una prueba de aptitud, La Cueva representa lo desconocido, lo que nos vamos a encontrar en la misión. Una misión diferente a todas las que nos hayamos encontrado hasta ahora, con un ordenador tan nuevo que ni siquiera dará tiempo a probar sus rutinas de Inteligencia Artificial...
—El ULISES funcionará correctamente, hemos repasado su diseño miles de veces, cada rutina de su programa está depurada hasta lo infinito.
—Ya, ¿pero recuerdas lo que pasó con la unidad CRONOS que se diseñó tan sólo  hace un par de años? Hubo que destruirla ante la posibilidad real de que se volviera autoconsciente violando así la primera normativa en el diseño de unidades inteligentes.
Eva sabía que Sergei no había participado directamente en aquel proyecto, pero no estaba de más echar piedras sobre los diseñadores de IA entre los que también él se encontraba.
—Eso no pasará con ULISES, hemos tenido especial cuidado en ello, no hay ninguna posibilidad de que ULISES adquiera autoconciencia  ya que hemos incluido un circuito inhibidor. En el improbable caso de que eso ocurriera dicho circuito entraría en funcionamiento inutilizando el sistema de IA y dejando sólo  en funcionamiento las actividades controladas por un operador humano...
Justo en ese momento Sergei se dio cuenta de que estaba proporcionando una información confidencial a su principal enemigo así que decidió cambiar de tema rápidamente.
—Pero volvamos al tema de La Cueva. Suponiendo que acepte, tendríamos que ir esta noche, no hay tiempo para nada más, imaginemos que lo conseguimos los dos, ¿qué pasará entonces?
—Entonces cada uno contará con sus propias fuerzas ante el Consejo de Gobierno, ya que eso significará que ambos estamos capacitados para ir.
Sergei se preparó entonces para contraatacar, había decidido que era un riesgo inútil acceder a esa prueba que Eva le proponía. 
—Y sin embargo pienso que si ambos entráramos en La Cueva tú jugarías con ventaja.
—¿Qué quieres decir con eso? —Eva pareció realmente sorprendida ante tal afirmación.
Sergei soltó la primera bomba.
—Te suena el nombre de Zacarías León.
Eva palideció instantáneamente, bajó la mirada y se apoyó en uno de los sillones que adornaban el habitáculo, su fluidez de pensamiento desapareció por completo y sintió como su cuerpo empezó a temblar imperceptiblemente. Cuando vio que sus piernas también le fallaban tomó asiento en el sillón y se llevó las manos a la cara ocultando su rostro al triunfante semblante de Sergei, el cual parecía estar recibiendo algún tipo de mensaje en su intercomunicador. El mismo secreto que le daba la oportunidad de ser elegida se la quitaba ahora. Estaba claro que Sergei no se arriesgaría a entrar en La Cueva poseyendo el secreto que poseía. Necesitaba actuar con rapidez, sobreponerse como fuera, quizás estuviera derrotada pero lucharía hasta el final.
Cuando sintió el brazo de Sergei posarse sobre su hombro para ofrecerle un vaso de agua ligeramente coloreada, una idea acudió a ella .Sería su último intento, es más, si fallaba ella misma volvería a La Periferia. Recomponiendo el rostro como pudo y apartando el vaso con tal fuerza que todo su contenido fue a caer encima de la cama, Eva alzó la vista y enfrentando la mirada a la de Sergei consiguió sacar una débil voz, pero suficiente para volverla a situar en la lucha.
—Hay algo con lo que no cuentas—empezó a decir.
Sergei quedó un poco sorprendido, su Muerte Blanca había quedado desparramada por la cama. Ariadna le había informado a través del intercomunicador que no había podido convencer a Hugo y por tanto había decidido pasar al segundo plan suministrando la droga a Hugo. Esto cambiaba las cosas, ahora él hubiera tenido que drogar a Eva para que todo siguiera el plan prefijado. Miró de nuevo la droga derramada en la cama y por un momento quedó bloqueado, sin saber que hacer. Necesitaba pensar así que decidió seguir la conversación mientras improvisaba algo. 
—No creo que hables en serió, con un sólo  análisis descubrirán tu condición de imperfecta y serás apartada del Centro de Vuelo.
—Hay alguien más que conoce mi condición de imperfecta, alguien muy influyente que me apoya directamente y estaría dispuesto a dar la cara por mí. Alguien con tal poder dentro del Centro de Vuelo que sería capaz de influir para que se cambiara dicha ley acerca de que los imperfectos no pueden ser exploradores de órbitas.
—¿El Navegador Interestelar? —preguntó retóricamente Sergei sin aparente muestra de asombro. Ahora se explicaba por qué los detectives de la Comunidad de Observadores habían chocado con él en su primera investigación.
Eva se dio cuenta del cambio de actitud de Sergei y eso la fortaleció un poco más.
—Sí, puedes hablar con él y verás que no te miento. No creo que el Consejo de Gobierno quiera enfrentarse abiertamente a su Navegador, principalmente sabiendo que nadie aquí en el Centro está a su altura para poder sustituirle. Además, lo que sí te puedo confirmar es que me aseguró que, caso de no ser seleccionados, él estaría dispuesto a dimitir. Es un equilibrio, un empate, algo entre tú y yo Sergei. Sólo  una confrontación entre nosotros podrá resolver esto, sólo  La Cueva seleccionará el candidato idóneo.
La mente de Sergei, habitualmente clara y directa, empezaba a oscurecerse ante esta nueva complicación. La coacción estaba empezando a fallar, no conseguiría asustarla lo suficiente como para que se retirara. Además, ahora con Hugo drogado, todo había cambiado, necesitaba que Eva desapareciera para así poderla acusar del estado de Hugo. Todo hubiera ido como la seda sin aquel movimiento brusco e inesperado de Eva, ella hubiera caído drogada y hubiera sido abandonada en La Periferia. Cuando descubrieran a Hugo en estado de coma y a Eva desaparecida, los Observadores del Centro sumarían dos y dos y concluirían, no sin cierta ayuda suya, por supuesto, que Hugo había descubierto la condición de Eva de imperfecta y que ésta lo había envenenado huyendo posteriormente a La Periferia, al sitio que le correspondía por nacimiento. De esa forma todo quedaría enlazado y, cuando Hugo y Eva despertaran, seguramente ellos ya estarían pilotando la ICARO. Puede que incluso, si las filtraciones de la misión eran ciertas puede que ya no tuvieran que volver más al Centro, al menos al Centro de Vuelo que ellos conocían.
Pero ahora esa opción yacía allí, desparramada por la cama, sin ninguna utilidad ya. Sólo el reto que Eva le había planteado se le antojaba la única forma para que todo siguiera, al menos de manera aproximada, al plan fijado. Si no podía hacer que Eva abandonara el Centro drogada, lo haría aceptando su proposición, aceptaría ir a La Cueva. De todas formas tendría que ser una salida clandestina así que nada cambiaría. Ariadna sería lo suficientemente inteligente como para continuar el plan aunque el no estuviera allí con ella. ¿Qué otra opción le quedaba? Si Eva era capaz de afrontar aquella prueba y salir con vida él también lo era, no había tantas diferencias entre ambos. Repentinamente cambió la expresión de su rostro, y aparentando aceptación, dio a entender que le había convencido con un ligero asentimiento de cabeza.
—De acuerdo pero necesito saber que no juegas con ventaja —habló Sergei. Cuéntame que sabes de La Cueva.
—No mucho, en eso consiste su misterio —mintió Eva. Según los rumores allí habitan toda clase de aberraciones cromosómicas, seres que nunca serias capaz de imaginarte. Al parecer corre también el rumor que no es una cueva cerrada sino que, a través de pasadizos nunca encontrados, se comunica con algún valle secreto en que dichas aberraciones han logrado reproducirse. El reto consiste en entrar a través de una de las fisuras entre las rocas, llegar a la cámara principal, pasar allí el resto de la noche y salir por la mañana. Si ambos salimos, todo seguiría como hasta ahora, si sólo sale uno, La Cueva habrá seleccionado al más apto. Si ninguno de los dos salimos, Hugo y Ariadna serán los elegidos.
—Una pregunta más —insistió Sergei. ¿Alguien ha logrado sobrevivir?
Esta vez fue Eva la que sonrío triunfante. Ése era el reto que Sergei no podría rechazar, algo que le proporcionaría tanto prestigio  como tripular la ICARO, algo que le situaría en los libros de Historia como el primero en realizar una gesta. Algo, en definitiva, que su orgullo no podría rechazar. 
—Que yo sepa no, pero nunca ningún injertado lo ha intentado tampoco. Sólo  los imperfectos lo han usado como prueba de valor.
Un sentimiento de grandeza se apoderó de Sergei tal y como Eva había calculado, sus ojos brillaron como ella nunca había visto y antes de que volviera a hablar Eva supo que lo había conseguido.
—De acuerdo, lo haremos. Pero quiero saber una cosa más, ¿se pude entrar con algún tipo de armas? No me gustaría que me dispararás por la espalda una vez dentro.
Eva sonrió de nuevo. Si sus suposiciones acerca de lo que había en el interior de La Cueva eran ciertas, ningún arma le sería de utilidad.
—Sin armas, sólo  nuestros trajes de explorador, cuerdas, dos equipos de profundidad, y por supuesto las linternas.
—Necesitaremos ir a La Periferia sin que noten nuestra ausencia.
—No hay problema, conozco ambos mundos y se como llegar sin tener que atravesar las entradas y salidas oficiales —replicó Eva.
—¿Vamos entonces? —preguntó Sergei.
—Vamos —volvió a contestar Eva.

martes, 27 de septiembre de 2011

Capitulo 4 LA MENTE DEL CREADOR

Tras las vacaciones retomamos los capitulos de esta interesante novela que la podeis encontrar completa en las librerias mas importantes (Casa del libro, Corte ingles, Amazon, etc..)


El timbre sonó tres veces. No era lo acostumbrado por Eva y por otra parte, tampoco había transcurrido tanto tiempo desde que salió hacía el habitáculo de Sergei y Ariadna. Aún pensativo, se puso en pie y poniéndose los pantalones se dirigió hacia la puerta con la intención de indagar quién podría estar interesado en verle a esas horas de la noche.
—¡Ariadna! Esto si que es una sorpresa, precisamente Eva ha ido a hablar con Sergei.
—Lo sé, he estado vigilando vuestra puerta esperando que saliera —contestó Ariadna permaneciendo de pie frente a él.
—¿Cómo? ¿No me digas que sabias que Eva iba a salir? Perdóname, pero no te veo capaz de predecir el futuro.
—Quería hablar contigo a solas, sin Eva, así que me he arriesgado. ¿Tan raro te parece?
     En ese instante Hugo se apercibió de que algo no le cuadraba en la situación. Ariadna llevaba un pantalón blanco semitransparente, distinto por completo al que usaba como explorador a y que dejaba ver sin ningún género de dudas que no llevaba ropa interior. Por un momento pensó en reírse, pero no, lo echaría todo a perder, al parecer, y tal como Eva había acertado a pronosticar, la pareja rival pensaba también que no las tenían todas consigo y estaban recurriendo al método más antiguo conocido para convencer al sexo masculino de algo. Así pues seguiría el juego hasta saber donde Ariadna pensaba llevarlo, no estaría mal intentar averiguar algo de su estrategia, al menos disfrutaría con la vista.
     Esforzándose por mirar por encima de la cintura Hugo contestó.
—No, si te soy totalmente sincero no me resulta extraño, es más, ahora que lo pienso casi debí haberlo previsto. Pasa y siéntate donde puedas.
Una sonrisa maliciosa se apoderó de Ariadna quién, dándose cuenta que todo iba según Sergei lo había planeado, continuó con su guión. 
—Gracias pero prefiero permanecer de pie. No quiero que pienses ni por un momento que vengo a seducirte Hugo, no me suelo ofrecer tan fácilmente. Vengo a negociar.
     Esta vez Hugo no pudo reprimir el tono de ironía que sabía tanto irritaba a Eva.
—Nadie lo diría por tu forma de vestir.
—Si prefieres que me ponga algo encima no tienes más que decírmelo, déjame alguna toalla sí tanto te molesta verme así.
—No, no me importa, como comprenderás no es la primera vez que...
     Esta vez Ariadna pareció molestarse.
—Bueno, ¿vamos a seguir con esto o me vas a escuchar? Quiero que contempléis la posibilidad de no presentaros mañana a la prueba de selección.
—A cambio de... —Hugo no podía imaginar que podían ellos ofrecer.
     Ariadna permaneció en silencio. Caminó pausadamente hacia Hugo y sentándose a su lado en la cama, le puso una mano en el muslo y le acercó sus sensuales labios al oído susurrándole algo que al principio no entendió bien debido al cosquilleo que le produjo la situación. 
—¿Cómo?
—A cambio de no revelar al Consejo de Gobierno que Eva es una imperfecta y que tú lo sabias y la has estado encubriendo todo este tiempo —volvió a susurrar Ariadna.
Hugo quedó un poco atontado por lo sorpresivo de la revelación. Ahora sí que no entendía nada de lo que estaba ocurriendo. Volvió a mirar por debajo de la cintura de Ariadna y permaneció absorto observado la oscuridad que allí se adivinaba, quizás después de todo, ella no fuera el plato principal. Intentó examinar de forma crítica aquello  que acababa de oír, pero sus mecanismos cerebrales eran incapaces de hilar una trama en que la imperfección de Eva era descubierta por Sergei y Ariadna. Ninguno de ellos tenía acceso a documentos que la pudiera delatar, sólo el Navegador poseía esa información y era del todo imposible que hubiera surgido de él y aún más con lo que acababa de oír esa misma tarde.
Un cosquilleo le recorrió la columna vertebral al contemplar la posibilidad de que ya todo fuera del dominio público, que algún individuo hubiera hackeado los archivos del Navegador y la información circulara ya libremente por la Red. En ese caso, con la información descontrolada, sólo  era cuestión de tiempo que todo llegara al Consejo.
Sin embargo eso tampoco le parecía una explicación aceptable. Cualquier hacker con esa información en su poder hubiera intentado primero un chantaje por una cantidad astronómica y era obvio que eso tampoco había ocurrido. Por otro lado no paraba de preguntarse por qué Ariadna intentaba chantajearlos, ¿por qué no ir directamente al Consejo de Gobierno? Sólo eso bastaría para apartarlos del proyecto. Debía haber algo que le impedía hacerlo, un secreto dentro de otro, algo que saldría a la luz si se denunciaba a Eva públicamente como una imperfecta.
     La voz de Ariadna rompió su ensimismamiento.
—¿Sabes qué pasará si hacemos que la información llegue al Consejo de Gobierno? Eva será despojada con deshonor de su titulo de explorador de órbitas y quizás tú también por encubrirla.
     —Por supuesto que lo sé, pero también tengo que contemplar la posibilidad de que estés mintiendo, puede que ni Eva sea imperfecta y de que en caso de que lo sea no tengáis pruebas para demostrarlo.  
     —Hugo, Hugo, sabes que la condición de injertado va codificada en un gen especifico, basta analizar una secuencia de ese gen para saber incluso el número de serie del útero artificial en que hemos sido engendrados. Ahora dime, ¿piensas que Eva tendrá codificada esa información? Nosotros la acusaríamos y los laboratorios harían el resto.
     —Y, ¿por qué no vais y la denunciáis directamente ante el Consejo? No entiendo el hecho de chantajearnos cuando podéis hundirnos directamente.
—Nosotros no subestimamos el poder de la venganza, sobre todo el de una mujer, y aún más el de una mujer inteligente. Si os destruimos completamente la situación pasa a ser más ventajosa para vosotros, una vez caídos no tendríais nada que perder y quizás, y digo sólo quizás, dedicarais vuestras vidas a hacernos caer a nosotros también. En el caso de que lleguemos a un acuerdo, seguiríais siendo exploradores, buenos exploradores, y sólo  tendríais que cedernos las misiones que a Sergei y a mí nos interesaran, como concretamente ésta.
Hugo se sentía atrapado de verdad, ninguna puerta se le abría en su cerebro, ningún injerto genético parecía tener la respuesta al dilema. Necesitaba concentrarse pero eso era bastante difícil en aquella situación. De todas formas, si de algo estaba seguro, era de que la explicación que acababa de oír no tenía ni pies ni cabeza, debía haber un motivo aún más poderoso que ése.
     La voz de Ariadna, atenuada, sin signos de entusiasmo pero segura y firme, le interrumpió de nuevo la cadena de pensamientos.
—Créeme, vuestra única salida es retiraros de la prueba de selección, todos salimos ganando con eso, vosotros conserváis vuestro puesto y status y nosotros nos hacemos con una misión que debería ser nuestra por derecho. Me preguntaste antes por qué había esperado a que Eva saliera del habitáculo, bien, te lo voy a decir, lo hice porque sabía que ella no aceptaría, es demasiado orgullosa como para permitirse una sola derrota, no la culpo, al parecer ése es el sello de todos lo que han nacido en La Periferia, pero es incapaz de perder. Sin embargo, tú eres más razonable, tienes las ideas más claras, eres más objetivo y sabes cuando es hora de atacar y cuando de retirarse, no tendrás una venda en los ojos que te impida ver que esta partida es nuestra. Es más, piensa que habrá otras en la que puede que vosotros seáis los ganadores, pero te aseguro que no en ésta.
     Hugo se frotó la barbilla ya que éste era el gesto que solía hacer cuando quería ganar tiempo, necesitaba ganarlo como fuera hasta que las ideas se le aclararan. Su mente examinaba una a una todas las posibilidades y por más que le daba vueltas, no veía otra salida que la que Ariadna le sugería. Sin embargo, tenía que haberla, tenía que haberla.
—¿Y cómo podemos estar seguros de que no nos traicionareis cuando os dejemos vía libre? No me cuesta trabajo imaginarme que nos retiramos de la misión y a pesar de todo decidís contárselo al Consejo. 
—No podéis estar seguros, os estamos ofreciendo la oportunidad de seguir como exploradores si os retiráis y de acabar con vuestras carreras en caso contrario. Como ya te he dicho no queremos venganzas, queremos un tratado, igual que cuando en una guerra se firma un armisticio. El hecho de que existan ganadores y perdedores no significa que el perdedor desaparezca y el ganador ocupe su puesto, los ganadores han de cumplir unos compromisos y los perdedores otros.
     De pronto pareció como si los impulsos nerviosos del cerebro de Hugo se transmitieran por el circuito neuronal adecuado ya que una idea apareció flotando vagamente en él. No estaba seguro de que fuera a resultar efectiva pero al menos le permitiría seguir ganando tiempo y eso era algo crucial en esos momentos.
—Entiendo todo el planteamiento pero me huele que hay gato encerrado por algún lado así que no nos vamos a retirar, al menos hasta que no lo consulte con Eva.
     Ariadna se levantó de la cama de un impulso y caminó hacia la puerta asegurándose que Hugo mirará sus formadas nalgas a través del pantalón. Al parecer iba a resultar algo más difícil de lo esperado pero ella no era una principiante tampoco. Tenía bien estudiada su estrategia, si no era por las buenas, sería por las malas, se giró de golpe sorprendiendo a Hugo, tal como había previsto con la mirada fija en sus caderas y habló de nuevo.
—Bien, Hugo veo que vamos a tardar más de lo previsto, ¿te importaría servirme una copa? Tengo la boca seca y hay algo más que tienes que saber.
     Hugo dudó un momento entre hacer caso a su petición o seguir escuchando simplemente. Quería confirmar su hipótesis así que se dirigió hacia un panel lateral, y con una orden verbal, éste  se deslizó verticalmente dejando ver una especie de surtidor transparente rodeado de vasos.  
     —Está bien Ariadna, seguiremos conversando, ¿qué quieres tomar?
     —Lo que tú tomes —replicó Ariadna volviéndose a sentar en la cama.
     —¿Te parece bien un zumo de frutas?
     —Estupendo.
     Un líquido color rojizo empezó a llenar los vasos al tiempo que Ariadna encendía la pantalla de videoplasma del techo y, desabrochándose los botones superiores del pantalón con la excusa de estar más cómoda, se tumbaba para poderla ver y planear mejor su siguiente jugada.
     Hugo se acercó con los vasos y los dejó en la repisa de encima del cabecero del colchón neumático. Sin dejarse  impresionar por la pose de Ariadna se sentó a su lado. No estaba seguro pero, observándola, tenía la impresión de que la situación actual reflejaba un empate. Ella había destapado su jugada y él estaba a punto de hacerlo, cogió el mando de la videopantalla y apagándola consiguió que Ariadna se incorporara de nuevo para poder así seguir la conversación. 
     —¿Y bien? —preguntó Hugo.
—Si no cooperáis no nos va a quedar más remedio que pasar la información al Consejo. Eva ha nacido y se ha criado en La Periferia, le costará adaptarse de nuevo pero lo conseguirá, puede que conserve muchos amigos allí y te aseguro que la ayudaran. Pero tú, tu familia no te perdonará este desliz, no creo que te ayuden, te abandonaran a tu suerte y ya te puedes imaginar lo que te espera, un comercio en el anillo exterior, donde tendrás que trabajar dieciséis horas diarias para poder malvivir. 
Hugo permaneció sentado. Nunca había deseado matar a nadie y no iba a empezar ahora, pero si alguna vez un hipotético genio le concediera tres deseos, uno de ellos lo gastaría en convertir a Ariadna en una rata, una sucia rata inmunda, ya que eso es lo que era, así al menos su aspecto exterior coincidiría con el interior. Sin embargo no había que dejarse llevar ni por la ira ni mucho menos por la furia, tenía que ser cauto y sobre todo astuto si quería saber el verdadero motivo por el que no iban directamente al Consejo con la información.
     —Perdona que te insista, pero sigo sin comprender por qué no nos aplastáis directamente yendo al Consejo, prefiero pensar que es algo más concreto y menos abstracto, debéis tener un motivo aún mayor, quizás alguien a quien proteger, alguien que tampoco soportaría un análisis genético.   
     —¿Qué quieres decir? El motivo es el que te he dicho, no hay más —Ariadna parecía no mostrarse afectada. 
—Pero imagínate que nos denunciáis al Consejo y éste  decide abrir una investigación más amplia en la que alguien próximo a vosotros puede verse también afectado. Yo también he oído historia acerca de familias que tiene su primer hijo natural en La Periferia se hacen ricos y su segundo hijo es injertado, luego el segundo falsifica una partida de nacimiento y ya tenemos un nuevo infiltrado.
     Ariadna empezaba a cambiar de expresión y Hugo se estaba dando cuenta así que, sin darle tiempo a pensar, continuó su argumentación.
—Incluso puede ser que un injertado de quinta o sexta generación haya tenido una aventura en La Periferia y haya concebido allí un hijo natural. ¿Por qué no falsificar su partida de nacimiento y decir que es un injertado creado en el Centro? Puede que un hermano tuyo o de Sergei se encuentre en este caso, si es así, sólo  tendría que remover un poco los archivos para encontrarlo, y puede ser, sólo  puede ser, que por ese motivo no queráis que se sepa que hay imperfectos en el Centro, imperfectos además de familias poderosas con suficiente dinero para sobornar a cualquiera.
     Ariadna bebía nerviosamente ya el zumo que Hugo le había servido, sus uñas tamborileaban nerviosas sobre el borde del vaso y Hugo ya tenía certeza de que algo de lo que había dicho había dado en el clavo.
     —¿Algo más? —preguntó Ariadna apurando el zumo.
     —Sí, quiero que dejéis esto tal como está, vosotros os olvidáis de Eva y yo me olvido de hacer una pequeña investigación por mi cuenta.
     Ariadna estaba cada vez más nerviosa, así que con un gran esfuerzo pudo hablar sin que le temblara ostensiblemente la voz.
     —Bueno, puede que tengas razón y puede que no, podemos seguir discutiéndolo pero antes, ¿te importaría llenarme de nuevo el vaso?
     Hugo se levantó a regañadientes y sitúo el vaso de nuevo bajo el surtido. Permaneció escasamente treinta segundos dándole la espalda a Ariadna, tiempo más que suficiente para que ésta dejara caer el contenido de media cápsula que disimuladamente escondía en su chaqueta de explorador a, en el vaso de Hugo.
     Hugo volvió a sentarse en la cama y ofreciéndole el vaso a Ariadna adoptó una actitud expectante al tiempo que bebía parte de su zumo sin que ostensiblemente notara nada raro. Ariadna tomó buena nota de ello y pareció relajarse.
     —En cuanto a tu brillante teoría, he de decirte que sí, tienes razón, el hermano de Sergei es un científico que trabaja en el anillo interior y que comparte con Eva su condición de imperfecta, pero ésa es una información que tú ya no podrás usar, al menos antes del proceso de selección.
Hugo echó repentinamente las manos hacia atrás para apoyarse en la cama. Había dejado caer el vaso con el zumo estrellándolo contra el suelo y  se sentía incapaz de mantener el tronco erguido así que se tendió en la cama, parecía como si una inmensa cortina se corriera delante de él. Sus oídos tampoco parecían funcionar correctamente, Ariadna le estaba hablando pero no era capaz de entender lo que decía. De pronto sintió como la cortina iba dejando pasar cada vez menos luz. Ariadna era ya sólo  un bulto cuando adivinó, más que ver, como ésta se dirigía hacia la puerta. Estaba claro que nunca debió haberle dado la espalda a esa arpía, cerró los ojos y antes de que la oscuridad lo llenara por completo sólo  tuvo tiempo de desear que ojalá Eva consiguiera su propósito. 

lunes, 23 de mayo de 2011

Capitulo 3 LA MENTE DEL CREADOR



     Ya en sus habitáculos, Eva, tendida en el colchón neumático regulable no paraba de mirar al techo, allí se situaba la videopantalla de plasma que ahora le ofrecía una serie de dibujos animados en 3D. Había adquirido la rara habilidad de poder ver ese tipo de películas sin las gafas especiales de obturadores ópticos, no las veía con la misma claridad pero no tenía que estropearse el peinado con las gafas. A su lado, Hugo, incapaz de concentrarse por el ruido de la videopantalla  intentaba aprender algo de los planos de ULISES en su lector digital de documentos.
—Sé que un ser tan increíble como tú no necesita estudiar pero no te parece que esta vez nos llevan ventaja. No creo que los planos de ULISES descansen en tu cabeza esperando aflorar en cualquier momento —de nuevo Hugo usaba el tono irónico con la intención de molestar.  
     Sin embargo Eva no contestó, parecía como si su vista estuviera enfocada más allá de la videopantalla.
—¿Podrías al menos bajar el volumen o conectarte al audífono privado? Yo sí necesito ver estos planos. 
     Eva desvió la vista y mirándolo fijamente se acercó y lo besó en los labios suavemente.
—No necesitas estudiar, según tengo entendido, cada vez que se produce un caso de éstos llaman sólo a uno  de los miembros del equipo al enfrentamiento. No pretendo herir tus sentimientos, pero creo que si es así, seré yo la que nos represente ante el gobierno.
     La cara de Hugo expresó una curiosa mezcla de asombro y alivio.
—Bien, estoy de acuerdo, pero este caso es especial, además, sigo sin saber como vas a competir con un equipo que ha diseñado el ordenador principal si no te estudias los planos y aprendes su funcionamiento.
—No hay tiempo para eso, aunque me quedara toda la noche en vela no conseguiría aprenderme ni un uno por ciento del manual. He de confiar en mi instinto y los conocimientos que he adquirido en nuestras anteriores misiones, no creo que ese ULISES sea tan distinto a otros que hayamos usado antes.
     Hugo agachó la cabeza y mirando de nuevo los planos pareció derrumbarse momentáneamente.
—La verdad es que no creo que lo consigamos, demasiadas cosas a favor de ellos, metidos hasta las cejas en el proyecto ULISES, Sergei uno de los mejores exploradores  del Centro y por no hablar de Ariadna, como sabes su tío es George Sexto, uno de los cinco miembros del Consejo de Gobierno. ¿Sabes que se rumorea que ingresó como exploradora de órbitas gracias a él? Si no, no se entiende que alguien como ella se haya colado en la élite.
     Eva sonrió pensando que ella misma había entrado allí gracias también a un procedimiento anormal. Hugo interpretó correctamente la sonrisa.
—Ya sabes que quiero decir, tú me tuviste a mí para introducirte en este mundo pero tu cerebro hizo el resto Sin embargo esa Ariadna creo que ni siquiera tuvo que hacer las pruebas de ingreso, su tío es un modelo de corrupción. Desde que fue nombrado miembro del Consejo de Gobierno no ha parado de situar a toda su familia en puestos claves del Centro de Vuelo. Sólo  a la inepta de su sobrina no pudo adjudicarle un puesto de poder importante, así que le consiguió una plaza de explorador a como mal menor.
De nuevo Eva volvió a sonreír y no pudo más que contestar esta vez. Le agradaba oír como Hugo menospreciaba a Ariadna, una de las exploradoras con mejor tipo de todo el Centro.
—El verdadero enemigo es Sergei, él es el cerebro y seguramente será mi rival en el proceso de selección. Llevo un rato dándole vueltas a como convencerle de que se retire del proceso y casi no se me ocurre nada.
     Los ojos de Hugo se abrieron mucho más de lo que creía que pudieran al oír esas palabras.
—¿Quieres decir que estarías dispuesta a todo con tal que se retirara?
—Dicho así suena fatal pero la verdad es que sí, como bien dices no tenemos ninguna posibilidad en un enfrentamiento directo, así que hay que procurar que no haya enfrentamiento. Sin embargo, como ya te he dicho, no se me ocurre que se le puede ofrecer a cambio... bueno... la verdad es que si se me ocurre, lo que pasa es que no sé si será suficiente como para hacerle renunciar a la misión. 
—Me estás asustando Eva, ¿en qué estás pensando concretamente?
     La mirada de Eva parecía perdida de nuevo en algún punto del infinito.
—Un enfrentamiento previo.
—¿Qué?
—Bien, presta atención, es obvio que a nosotros nos asusta la confrontación, sabemos que ellos tienen todas las de ganar o al menos las tenían antes que el Navegador intercediera por nosotros. Intervienen en el diseño de ULISES, el tío de Ariadna es miembro del Consejo de Gobierno, Sergei un explorador de primer nivel que me pisa los talones en el ranking. Sólo uno de estos motivos bastarían para que la balanza se inclinara a su favor, y como veras, no sólo hay uno.
Hugo asintió en silencio y Eva continuó.
—¿Pero te has parado a pensar que es lo que puede estar pasando por sus cabezas? Seguramente estarán pensando que ya tenían las plazas aseguradas y sin embargo ahora han de competir por ellas. ¿Y sabes qué te digo? Lo que quizás les puede resultar más preocupante, es que el motivo ha sido que su inmediato superior, el Navegador Interestelar, ha decidido, a pesar de todo lo dicho, que nosotros estamos más cualificados. ¿No te parece que también ellos pueden estar por lo menos asustados? 
—Pues sí, parece razonable.
—Pues imagínate ahora que le quitamos ese miedo, que le ponemos en bandeja su selección mediante un enfrentamiento previo con la condición de que, el que pierda, desista del proceso.  
     La perplejidad era ahora manifiesta en Hugo.
—Ahora sí que no te entiendo, ¿como se lo vamos a poner en bandeja si somos nosotros los que queremos el puesto?
—Muy fácil, cuando le propongamos el enfrentamiento lo estudiaran y estarán casi seguros de poder ganar así que no lo rechazaran. Sin embargo ésa será nuestra oportunidad, al menos eso creo. 
—¿Y qué tipo de enfrentamiento es ése que no podrán rechazar, querida Eva?
—Uno en que Sergei crea que me podrá ganar fácilmente. En La Periferia abundan las competiciones de todo tipo pero básicamente se pueden dividir en dos tipos, las deportivas y las llamadas de liderazgo o valor, unas pruebas éstas últimas en que sólo los más duros sobreviven.
     Hugo se echó un poco para atrás para así poder ver bien el rostro de Eva y comprobar que lo que estaba diciendo era realmente lo que pensaba hacer.
—No te estarás refiriendo a entrar en La Cueva ¿verdad?
—¿A que si no me podría estar refiriendo?
—Pero Eva, La Cueva es un suicidio no una prueba, nadie sabe que hay dentro, y por si eso fuera poco se cuenta que nadie que haya entrado ha salido con vida de allí.
—Sé perfectamente todas las leyendas que corren acerca de La Cueva y lo sé por la sencilla razón de que yo me presente a esa prueba disfrazada de hombre.
—¿Qué tú qué? —esta vez Hugo se levantó de un respingo del colchón neumático regulable y empezó a pasearse nervioso por la habitación. 
—Tú sólo sabes de mí a partir de conocernos, nunca te he contado nada que no quisiera que supieras acerca de mi pasado.
—Ya veo que no —empezaba a estar furioso.
     Eva quedó pensativa unos instantes, como dudando si contar la historia o pasar sobre ella y enfocar de nuevo el problema que les preocupaba. A su mente afloraron los recuerdos a una velocidad tan vertiginosa que no pudo correlacionarlos correctamente hasta transcurridos unos pocos segundos. Decidió hablar.
—Hugo, tú has crecido en el seno de una familia poderosa, nunca has tenido que luchar por nada, abrías la boca y tenías ante ti todo lo que pidieras. La influencia de tu familia ha sido siempre suficiente para abrirte las puertas que a otros se les cerraban, puede que no te hubiera hecho falta pero ahí estaban ellos si se presentaba el más mínimo problema. En La Periferia las cosas siempre han funcionado de forma diferente, allí para que una puerta se te abra tienes que pelear muy duramente. Aquí, en el Centro funciona el ranking y se consiguen puntos asistiendo a conferencias, allí, para escalar posiciones en el ranking social de tu comunidad tienes que jugarte la vida y salir victorioso. Por eso existen las pruebas de liderazgo, son las conferencias de aquí, y entre todas ellas, sólo  La Cueva da el mérito suficiente como para poderte situar en el número uno. Pero La Periferia es mucho más machista que el Centro, entrar en La Cueva era una de las pruebas en que no se admitían mujeres, así que, si alguna quería entrar, sólo tenía una opción, disfrazarse.
—Pero entonces, ¿La Cueva existe de verdad? —preguntó Hugo más calmado y escuchando ya con auténtica atención.
—Sé perfectamente donde está y lo que hay dentro, por eso pienso que puedo ganar.
—Pero según los rumores dentro habitan todos los experimentos genéticos fallidos de nuestros científicos, aberraciones cromosómicas encerradas en lo más profundo. Por eso dicen que sellaron todas las entradas, para que nada ni nadie pudiera entrar... o salir.
—Evidentemente no está sellada del todo hay fisuras y si, estás en lo cierto, ni en tus pesadillas más horripilantes podrías imaginarte lo que hay allí. Por eso el que sobrevive una noche dentro adquiere el respeto de la comunidad de imperfectos.
     Hugo permanecía pasmado ante tal revelación, demasiadas sorpresas el mismo día, demasiadas revelaciones. Por un momento pensó que al no haber tenido un pasado traumático no se encontraba a la altura ni de Eva ni de por supuesto el Navegador.
—Bueno, me tienes en ascuas, ¿qué paso?, ¿Cómo conseguiste que no te descubrieran? No te imagino disfrazada de hombre. Cariño, creo que la misión acaba de pasar a un segundo plano en mi orden de prioridades, esto es mucho mejor que explorar las lunas de Júpiter. 
     Eva quedó pensativa unos instantes. Recordaba con total nitidez todos los detalles, o mejor dicho de su fracaso, de cómo en el último momento se dieron cuenta de que era una mujer y le prohibieron la entrada, de cómo humillo a su familia con esa actitud, y finalmente, de cómo nadie de los que entraron volvió a ver la luz del día. En eso Hugo tenía razón, nunca nadie había sobrevivido pero ¿cómo sino mintiendo iba a conseguir que Hugo accediera a sus planes? De todas formas en algo sí se equivocaba Hugo, no era un suicidio. Durante muchos años había estudiado todo lo relacionado con La Cueva, incluso había tenido en sus manos un protocolo secreto sacado ilegalmente de los archivos del Consejo de Gobierno, y si de algo estaba completamente segura era de que, si no se hubieran dado cuenta de que era una mujer, hubiera sido la primera persona en salir con vida de allí.
     Eva dejó de tener la mirada perdida y la enfocó de nuevo en Hugo.
—Pues tendrás que esperar, eso forma parte del secreto del sumario y ahora déjame he de tener una charla con Sergei sobre una cuestión de liderazgo, espero que como buen espécimen de hombre no la rechace.   
—Pero Eva, no crees que antes deberíamos decírselo a...
Hugo cortó en seco la frase al ver que Eva se dirigía ya hacia el habitáculo de Sergei. Su actitud fría y calculadora no le había impedido lanzar un beso al aire en dirección a Hugo.

martes, 5 de abril de 2011

CAPITULO 2 LA MENTE DEL CREADOR

2. PROCESO DE SELECCIÓN

     —Como siempre, llegáis al proceso final de selección. Sin embargo esta vez tenéis dos competidores de vuestra altura. Vais a tener que esforzaros para conseguir la misión.
     La voz de Joshua Tercero, sexto Navegador Interestelar del Centro de Vuelo, no dejaba ver ningún resquicio de que estuviera bromeando. Su aspecto era casi idéntico a sus cinco predecesores y se sabía que todo estaba interrelacionado, que la combinación de genes, todavía sin descubrir, que hacía que, aleatoriamente, un ser planificado se convirtiera en Navegador llevaba acarreado este curioso aspecto. Lo que más destacaba de su aspecto era, sin lugar a duda, su pelo albino, recogido, en el caso de Joshua, en una gran trenza. También sus ojos, con una tonalidad celeste blanquecina que no le permitían recibir más luz que la estrictamente necesaria, hacían que su mirada fuera muy parecida a la de un invidente, perdida, sin focalizar a veces. Por último, su piel, clara, muy clara, como si nunca hubiera recibido los beneficios del Sol, era ya lo que le hacía inconfundiblemente diferente.
     Curiosamente, la relación no era biunívoca, si unos padres encargaban un hijo con ese aspecto, no se podía garantizar que con el tiempo ese bebe desarrollara las habilidades propias de un Navegador. Era tal la complejidad del número de genes que intervenían en el proceso que, hasta la fecha, había sido imposible determinar por qué pasaba.
     En cuanto a las funciones que hacían de él la persona más importante de todo el Centro de Vuelo, se podían citar decenas de ellas, pero todas se podían resumir en una sola, la fabulosa capacidad de concatenar cientos de causas y efectos mentalmente hasta dar una respuesta al problema inicial. Era imposible, por ejemplo, jugar contra un Navegador al ajedrez, ya que, a pesar de sus infinitas ramificaciones, una vez iniciada la partida, un Navegador era capaz de prever un número tal de movimientos que sólo los más potentes superordenadores de la época eran capaces de superar. Esa habilidad se había enfocado principalmente para, dadas determinadas condiciones iniciales de despegue de una nave, poder saber donde llegaría, o donde tendría que acelerar para llegar a un punto concreto. Incluso eran capaces de averiguar los puntos en que se tendría que acelerar para que tanto el gasto de combustible como la trayectoria fuesen mínimas.
     —Estamos a su entera disposición Navegador —Eva se cuadró ante él al decir eso y Hugo, por simpatía, también lo hizo.
     —No Eva, no hace falta que me muestres tu adiestramiento de academia, esta vez la pareja formada por Sergei Cuarto y Ariadna Primera han formado parte del equipo que ha diseñado el último proyecto de inteligencia artificial, el ordenador ULISES, que, como bien sabrás, es el ordenador que llevara la nave ICARO, nuestro más avanzado prototipo de exploración. Es más, os diré que hace ya tiempo que el Consejo decidió que serian ellos los seleccionados, sin embargo cuando iban a tomar la decisión definitiva, conseguí convencerles, no sin dificultad y gracias a mi prestigio, para que os dieran una oportunidad de competir.
     Hugo permaneció impasible pero los ojos de Eva empezaron a brillar, sólo su férrea voluntad y su adiestramiento impidieron que las lágrimas corrieran a través de sus mejillas. Con la esperanza de que ese detalle pasara desapercibido para su interlocutor paseó su mirada por el despacho del Navegador. Éste ocupaba casi el doble del habitáculo que Hugo y ella compartían. Detrás de su mesa de trabajo, una reproducción a tamaño original de La balsa de la Medusa de Théodore Géricault, ocupaba gran parte de la pared dando un aspecto dramático y sobrecogedor a la estancia. Conocía perfectamente cual era su función, recordar de forma permanente que, aunque la historia que representaba el cuadro, el naufragio del barco francés Medusa y el posterior avistamiento por parte de los supervivientes, a bordo de una balsa, del barco que los rescataría, ocurriera en 1816, pocas diferencias había con los actuales naufragios espaciales así como con sus respectivas misiones de salvamento. En una de las paredes laterales, un gigantesco ventanal le proporcionaba una no menos impresionante vista de las pistas de aterrizaje y despegue. Ninguna nave podía despegar sin su permiso y aunque sólo el Navegador conocía el código que activaba los motores, aquella ventana le proporcionaba confirmación visual de que nada ocurría sin su permiso. Por último, en el otro lado, una pantalla de gran tamaño también, unida a un intercomunicador fijo, compartía espacio con el variado mobiliario que cualquier otro despacho podría tener.
     Con el brillo ya algo atenuado, los ojos de Eva enfocaron de nuevo los del Navegador, el cual, dando fe al viejo dicho que afirmaba que los ojos eran el espejo del alma e intuyendo todo lo que pasaba en esos momentos por la cabeza de Eva, se levantó de su silla y cuidando las palabras, habló de nuevo.
     —Eva, antes de que te derrumbes quiero que conozcas algo que muy poca gente sabe de mí.
La mirada de Eva trasmitió sorpresa esta vez, sabía perfectamente que contar una historia acerca de si mismo no era el estilo de su superior.
Éste se apercibió del gesto de sorpresa y sin inmutarse lo más mínimo comenzó a hablar.
     —Yo fui un caso excepcional cuando nací, mis padres eligieron mal los injertos. Fue un simple error en un número, pensaban injertarme el p66 y en el proceso de trascripción me colocaron el p96, gen éste último que al parecer había dado lugar en un alto porcentaje a malformaciones cuando se combinaba con otra de las secuencias que ya estaba también codificada para mí. Mis padres decidieron entonces no correr riesgos y los médicos intentaron abortarme cuando se dieron cuenta, y eso que llevaba ya gestando 8 meses en la incubadora.
     Una mirada de asombro se cruzó entre Hugo y Eva esta vez.
     —¿Pero los Navegadores no son elegidos entre la crema de los injertados? Es inconcebible que alguien con alguna tara... pueda... perdone no quería decir eso —se atrevió a contestar Hugo.
     —No importa, pero sí déjame que te cuente el resto de la historia.
     —Por supuesto Navegador, no era mi intención interrumpirle —apostilló Hugo algo avergonzado.
Joshua Tercero continuó su relato casi sin esperar que la disculpa de Hugo llegara a sus oídos
     —Debido a una extraña coincidencia, la inyección letal que tenía que acabar conmigo o estaba en mal estado o interactuó de alguna forma desconocida ya que, lo único que me produjo, fue un estado de inconsciencia tal, que los médicos no fueron capaces de distinguir de una muerte clínica. Así, creyendo que todo había ido bien, certificaron mi muerte mientras aún estaba en la incubadora.
     —¡Dios santo! Eso es macabro.
     —Sí, es verdad, pero resulta que ese pequeño incidente, quizás uno entre diez mil, me salvó la vida porque, cuando mi corazón volvió a latir al cabo de veinte minutos, todos pensaron que había regresado de la muerte. El factor determinante fue que a nadie se le ocurrió pensar que todo había sido producto de una inyección defectuosa, todos pensaron que la supuesta resurrección se había producido gracias al error que se había cometido con los injertos. Desde que nací o mejor dicho, renací, hasta los dos años fui estudiado como nunca antes se había estudiado a nadie. Por aquel entonces, como ahora, la simple mención de la palabra inmortalidad era capaz de arrancar grandes subvenciones al Estado.
Los ojos de Hugo y Eva miraban ya desorbitados a su anfitrión. Si no fuera por la persona que estaba implicada, esa historia era digna de pasarse a formato videolibro.
     —Bueno, y ¿cuál fue la conclusión? —esta vez fue Hugo quien habló.
     —La conclusión fue que no reviví sino que la inyección letal me había sumido en un estado de inconsciencia parecido a la muerte.
     —Pero eso fue lo que pasó de verdad —Eva no lograba imaginarse a pesar de su asombrosa capacidad donde el Navegador quería ir a parar.
     —Sí, pero esa investigación a mí me había permitido vivir. Con dos años de edad y sin ninguna malformación visible, mis padres se quedaron conmigo aunque no fuera precisamente el niño que ellos habían diseñado. Puede que exista un Dios que decida quién vive y quién muere o que estemos aquí por accidente pero, en cuanto crecí y me contaron lo ocurrido, me convencí de que todos seguimos una especie de plan maestro. Somos como piezas de un puzzle que vamos encajando poco a poco hasta completar el gigantesco mosaico que es el Universo, ¿quién es él que busca las piezas y las ordena? No lo sé, ¿con qué finalidad quiere hacer el puzzle? Tampoco lo sé, puede que sólo lo haga como nosotros, para entretenerse en algo. Llamadme humanista, egocéntrico o como queráis, pero es lo que pienso a medida que me hago viejo y observo como, todo lo que carecía de sentido al principio, va tomando forma al final.
     Eva no daba crédito a lo que había oído pero ya empezaba a vislumbrar de forma lejana donde quería llegar el Navegador.
     —¿Y ahora piensas que el destino está actuando de nuevo y que tu misión es hacer que vayamos nosotros en vez de ellos?
     —Bueno, no exactamente, pienso que si el destino ha facilitado que una imperfecta haya pasado desapercibida tantos años ante nuestros ojos convirtiéndose en una de mis mejores exploradoras será porque esa fuerza que tú has llamado destino quiere que vayas en esa nave.
     Hugo miró aterrorizado a Eva. ¡Lo sabia! Seguramente había descubierto la falsificación. Nunca debió de subestimarlo, ahora sus carreras estaban más que acabadas. Se echó las manos a la cara, su familia era una de las más poderosas de Valle Celeste. Cuando llegara a sus oídos que le habían expulsado con deshonor del Centro de Vuelo seguramente renunciarían de él, tendría que dedicarse a alguna actividad menor, un comercio en el anillo exterior quizás, y si de algo podía estar seguro, era de que eso su orgullo no lo soportaría. Y Eva ¿qué sería de ella? Su acusación sería más grave, quizás la encerraran un tiempo en uno de esos centros para inadaptados de los que, como su propio nombre indicaba, sólo se podía salir totalmente inadaptado. Apartó sus manos de la cara y lo que vio le dejó atónito. Eva y el Navegador lo miraban sorprendidos, como si esa reacción suya no estuviera más que justificada.
Eva no pudo más que sonreírle.
     —¿No lo entiendes? Siempre lo ha sabido y nos ha encubierto, no piensa delatarnos.
     —Pero él es un Navegador su responsabilidad es... —contestó Hugo
Esta vez fue el Navegador quien habló.
     —La verdad es que si me hubiera dejado engañar por ti, Hugo, me hubiera degradado yo mismo. Serás un explorador de primera pero mientes tan mal como un maldito trazador de rutas.
     —Bueno, la verdad es que me extrañó que usted aceptara tan rápido todos aquellos papeles, pero pensé que, para que insistir si el objetivo principal estaba cumplido.
     —Ya, forma parte de mis habilidades convencer a la gente de lo que quiero, pero no haría honor a mi puesto si no investigará personalmente a todos mis subordinados, sobre todo a los mejores.
     —Entonces, ¿lo supo desde el principio? —siguió preguntando Hugo al tiempo que Eva intentaba que no se le saltaran las lágrimas de nuevo.
     —Nunca he tenido la certeza pero sólo hay un motivo para falsificar unos papeles de ingreso, hacer que un imperfecto ingrese en el Centro de Vuelo. He de reconocer que no todos lo consiguen, en mi caso sólo los que yo he considerado más capacitados han podido hacerlo.
     —¿Hay más imperfectos en el Centro de Vuelo? —preguntó esta vez Eva intrigada.
La pregunta quedó flotando en el aire.
     —Como ya os he dicho he usado mi prestigio personal para convencer al Consejo de que al menos os dieran una oportunidad de competir contra Sergei y Ariadna. Aceptaron, pero a cambio son ellos los que pondrán las pruebas. No os puedo ofrecer más ayuda de la que os he prestado, así que a partir de ahora sólo dependéis de vosotros mismos. No sé cual será la naturaleza de las pruebas pero se realizaran mañana al mediodía en la sala de mapas y recordar que no sólo debéis igualarlos para conseguir el puesto, debéis superarlos. Y ahora si me perdonáis deberíamos terminar la reunión tengo mucho por hacer aun.
Eva se cuadró de nuevo ante el Navegador, giró sobre sus talones y se dirigió a la puerta, por una parte para que éste no notara las lágrimas que ya corrían resbalando por sus mejillas, la revelación de Joshua acerca de su condición de imperfecta había conseguido que un sentimiento de autocompasión se apoderara de ella de forma irrefrenable. Por otra, porque, aunque quizás el Navegador tuviera razón y todo estuviera escrito en un gran libro celestial, su mente estaba ya elaborando un plan alternativo, si el destino fallaba, ella rescribiría ese libro.