lunes, 24 de octubre de 2011

Capitulo 5 de La Mente del Creador


Por la mente de Sergei sólo  se paseaba una idea, ¿para qué arriesgarse? Lo más probable es que Hugo ya hubiera claudicado, o en caso de que todo hubiera ido mal estaría durmiendo debido al efecto de una potente sedante. Un sedante comprado en La Periferia, y que le habían asegurado daba la impresión al que lo tomaba de haber sufrido algún tipo de coma, motivo más que suficiente para no poder ser asignado a la misión en el plazo establecido.
Allí, frente de él, tal y como había supuesto, Eva intentaba hacer que desistieran de presentarse a la prueba de selección. Era demasiado obvio que ambos equipos intentarían algo así, sólo tenía que esperar que Eva se presentara. No consideraba a Hugo con la maldad suficiente como para ser capaz de elaborar un plan de ese estilo, por simple que fuera, así que, cuando Eva se presentó, Ariadna puso una excusa y pidiendo disculpas por no poder quedarse, salió para cumplir su cometido. Cada uno de ellos tenía su parte de cumplir, ella pondría fuera de circulación a Hugo, ya fuera de buenas o de malas maneras, él tendría un doble cometido, entretener a Eva el tiempo suficiente como para que Ariadna consiguiera su objetivo, y la parte más interesante y a la vez motivante a la hora de establecer quien de los dos era el mejor, convencer a Eva de que ella también debía abandonar o drogarla en caso de que no pudiera conseguirlo.
Toda su vida había sido un segundón. Ni que decir tiene que muchos de sus compañeros hubieran ofrecido un brazo a cambio de su privilegiada posición, pero eso a él no le bastaba. Había sido educado en ser el número uno y había peleado por ello, tampoco nadie le había regalado nada ni él lo hubiera consentido. Así, aunque durante su juventud disfrutó durante un tiempo de ese tan ansiado primer puesto, la frustración no tardó en llegar y fue en forma de mujer. De forma inesperada y sin saber siquiera de donde había salido, Eva se lo fue quitando progresivamente todo, su lugar en la escala, las misiones más importantes, incluso su autoestima. Cualquier otro hubiera asumido sin traumatismos ese pequeño tropiezo, ser el número dos no estaba tampoco mal, pero no para él. Toda su personalidad giraba en torno a la cultura del ganador, no había clemencia para el segundo, sólo los números uno pasaban a la Historia con mayúsculas.
Planeó entonces algo así como un golpe maestro para hacerse de nuevo con el control. Todo se centraba en torno a una misión, una misión que, debido a las filtraciones que había oído trabajando como explorador, iba a ser considerada la mayor desarrollada por la humanidad hasta entonces.
Su intuición no falló. Cuando se inició el programa ULISES, un proyecto como otro cualquiera para la construcción de un ordenador superpotente y sin mucho que ver aparentemente con su tarea de explorador , dedujo acertadamente que el Consejo no destinaría cantidades astronómicas de dinero, como comprobó viendo las partidas presupuestarias, en un simple ordenador, si no fuera por algo realmente excepcional. No le quedó más que unir cabos y relacionar el ULISES con el rumor de la misión. Sólo  entonces fue capaz de entrever la posibilidad de tener una baza decisiva a su favor, la inclusión en el proyecto ULISES le daría una ventaja casi insalvable ante Eva. Solicitó tanto su admisión como la de Ariadna en el proyecto y cuando, sorpresivamente, fueron aceptados, atisbó la posibilidad real de arrebatarle el primer lugar a Eva, y comenzó a gestar el resto del plan.
Así, su mente, analítica hasta el infinito, analizó de forma exhaustiva todas las posibilidades. Su participación en ULISES podía ser importante pero no determinante. Decidió entonces que aún se podía garantizar más su elección, quizás por métodos no precisamente limpios, pero  a su parecer, totalmente justificables. Pensó que, si todo salía mal, sólo  podría ser debido al prestigio personal de Eva, como cuando en el colegio establecían al principio los grupos de niños inteligentes y niños torpes y luego, haciendo uso del viejo dicho la primera impresión es la que cuenta, era imposible pasar de un grupo a otro. Si eso ocurría, ellos estarían también preparados. A partir de entonces comenzaron a frecuentar fiestas de gente influyente y poderosa, en las que, invariablemente, se terminaba conectados en una sesión de grupo de Fantasex. Era ahí donde Ariadna, una de las mujeres más deseadas de todo el Centro, jugaba su particular baza convenciendo a unos y otros a través de la maquina virtual, de que ya iba siendo hora de que Sergei y ella tomaran el relevo de Hugo y Eva.
Pero, ya que se trataba de una sola apuesta, había que apostar aún más fuerte, había que contar con algo aplastante y definitivo. Puso de nuevo su maquinaria cerebral en marcha y fue su hermanastro el que le dio la solución. Recordaba aún como su padre, un científico de primer nivel del anillo interior le contó como en una de sus aventuras sexuales a La Periferia la prostituta había quedado embarazada. Al parecer, al principio intentó chantajearlo, tanto ella como el niño tendrían que ingresar en el Centro, o todo aquello  saldría a la luz. Sin embargo y afortunadamente para su padre, por aquellos años el Consejo era más permisivo con este tipo de aventuras, así que éste rechazó el chantaje pero le ofreció la posibilidad de falsificar los certificados de nacimiento del niño, cosa también más fácil en aquellos tiempos, sobre todo para alguien de la posición de su padre. Ahora su hermanastro era también un reputado científico del anillo interior y nadie sospechaba que era un imperfecto, sólo él, Sergei, ya que su padre había muerto hacía ya unos años, conservaba el secreto.
 Y era eso, precisamente eso lo que le llamaba la atención. Por algún inexplicable motivo un cierto paralelismo se le estaba formado entre su hermanastro y Eva. Su hermanastro ingresó en el Centro siendo aún un bebé y por tanto toda su vida se había desarrollado en él, tenía recuerdos y hablaba de ellos cada vez que se terciaba. Sin embargo Eva evitaba hablar de su juventud, nadie sabía de donde había salido, donde había trabajado antes de presentarse a las pruebas de selección para exploradores, o como ella y Hugo se habían conocido por ejemplo. Era sólo  una posibilidad pero esas cuestiones fueron suficientes como para justificar haber adquirido los servicios de un detective de la Comunidad de Observadores, el organismo independiente que velaba por el cumplimiento de las normas internas del Centro de Vuelo.
Las pesquisas no dieron ningún resultado, o mejor dicho tropezaron con el Navegador Interestelar, cuya inmunidad ante este tipo de investigaciones impidió recabar pruebas definitivas. En el informe que llegó a sus manos se llegaba a la conclusión de que, efectivamente, algo raro había ocurrido en el ingreso de Eva en el Centro de Vuelo. Aunque había superado las pruebas de ingreso con una de las más altas calificaciones, ningún cazatalentos oficial la había reclutado. Según lo que habían podido investigar, Hugo, su actual pareja en el Centro, la conoció en uno de los cafés—Karaokes del Centro de Vuelo trabajando como camarera y quedó impresionado por sus habilidades, tanto que le propuso presentarse para las pruebas de exploradora de órbitas. La cosa estaba en que, en ningún café—Karaoke del Centro, recordaban haberla tenido contratada.
Sólo otro sitio, por tanto, podía ser su origen. Con casi la completa seguridad de que todo se inclinaba cada vez más a su favor, viajó clandestinamente hacia La Periferia y le pasó una fotografía de Eva, copiada cuidadosamente de su expediente de ingreso, al departamento de personas desaparecidas, una institución cuyos éxitos se contaban, allí en La Periferia, con los dedos de la mano. Sin embargo Sergei prometió el equivalente al sueldo de un año para aquel empleado que pudiera darle información acerca de si había nacido o crecido allí.
Tuvo que esperar aproximadamente un mes para que un holocorreo le llegara a través de su intercomunicador privado. Al parecer, una tal Eva había desaparecido de allí hacía algunos años y algunos la reconocían como la muchacha de la foto. No habían podido localizar ni a sus padres ni posibles hermanos, así que iban a intentar con parientes colaterales, cosa ésta que al parecer iba a incrementar los gastos. Sergei no tuvo inconveniente en pagar, necesitaba una prueba, algo tangible que le hiciera estar seguro de que, si obligaba a Eva a hacerse un examen genético, no iba a quedar en ridículo. 
Y esa prueba llegó. Fue de nuevo en forma de un holocorreo, en él que el mismo empleado que había iniciado las pesquisas le conminaba a ir de nuevo a La Periferia. Lo que tenía que decirle sólo lo haría a cambio del dinero prometido, al parecer no había encontrado a Eva pero si a alguien que sabía quien era y donde estaba ahora.
Sergei viajó de nuevo de forma clandestina a La Periferia y allí se reunió con su confidente y un individuo, aproximadamente de su edad, que afirmó sin ningún tipo de dudas que la chica de la foto era Eva, una imperfecta con la que había compartido una relación comercial y también sentimental. Le comentó que ambos se dedicaban a comerciar con cintas prohibidas para el Fantasex  y que las vendían sobre todo a exploradores orbitales del Centro de Vuelo. Fue así como conoció a un explorador del que nunca supo el nombre, pero que sospechaba fue por él que le abandonó, ya que un día Eva desapareció y no la volvió a ver hasta que su confidente le enseñó aquella foto.
Por fin la información que necesitaba estaba en su poder, había valido la pena dejarse todo ese dinero por el camino. Eva era una imperfecta y Hugo seguramente había falseado documentos para incluirla en el proceso de selección de exploradores  orbitales. Todos los cabos estaban atados y ya nada podría impedir que Ariadna y él tripularan la ICARO. Nada excepto su hermanastro.
 Fue en una conversación con él cuando vio que, a pesar de todo, aún quedaba un cabo por atar. Si delataba a Eva directamente quizás provocara una investigación más amplia que puede que incluso le salpicara. Quizás no hiciera falta, pensó, puede que sólo  amenazándola con ir con la información al Consejo se asustara y desistiera en caso de tener problemas con ella. Pero no debía subestimarla, no era la número uno por casualidad, debería elaborar un plan alternativo, un plan B, para el caso de que todo fuera inconcebiblemente mal. Fue entonces cuando recordó haber oído hablar de esa sustancia, prohibida en el Centro pero abundante en La Periferia, y que provocaba unos efectos similares al coma. Fue un juego de niños que el traficante de videos le pusiera en contacto con un traficante de Muerte Blanca y que, por otra nada despreciable cantidad de dinero se hiciera con dos cápsulas, cada una de ellas, según le comentó el traficante, con la capacidad de poner a un individuo fuera de juego durante al menos dos días. Así pues, si todo fallaba, ya tenía elaborada toda una trama que sin duda alguna dejaría en tierra a sus competidores mientras ellos surcaban el espacio rumbo a lo desconocido.
Ahora Sergei se felicitaba a si mismo por haber sido tan previsor. Inexplicablemente el Consejo no se había decidido por ellos, sino que los había convocado a un enfrentamiento. Un procedimiento poco habitual, y que él, al igual que Eva, tampoco estaba dispuesto a consumar ya que antes quemaría todos sus cartuchos. Sólo una incógnita flotaba en el aire, ese ofrecimiento de Eva le estaba poniendo más nervioso de lo que estaba dispuesto a admitir.
—Y bien que me dices —Eva presentía que algo estaba saliendo mal, quizás hubiera subestimado a Sergei, pero no, no  se trataba de eso, era como si Sergei guardara un as en la manga.
—Déjame ver si lo he entendido. ¿Me estás proponiendo que vayamos a la famosa Cueva, en La Periferia, y que entremos los dos para ver quien está más capacitado para ir a la misión? Supongo que piensas que sólo uno de nosotros saldrá con vida de allí, pero también puede darse el caso de que no salgamos ninguno, o que salgamos los dos, la verdad, no entiendo que pretendes con eso.
Estaba claro que lo había subestimado —pensó Eva. Tendría que poner más carne en el asador.
—No se trata de una prueba de supervivencia, se trata de una prueba de aptitud, La Cueva representa lo desconocido, lo que nos vamos a encontrar en la misión. Una misión diferente a todas las que nos hayamos encontrado hasta ahora, con un ordenador tan nuevo que ni siquiera dará tiempo a probar sus rutinas de Inteligencia Artificial...
—El ULISES funcionará correctamente, hemos repasado su diseño miles de veces, cada rutina de su programa está depurada hasta lo infinito.
—Ya, ¿pero recuerdas lo que pasó con la unidad CRONOS que se diseñó tan sólo  hace un par de años? Hubo que destruirla ante la posibilidad real de que se volviera autoconsciente violando así la primera normativa en el diseño de unidades inteligentes.
Eva sabía que Sergei no había participado directamente en aquel proyecto, pero no estaba de más echar piedras sobre los diseñadores de IA entre los que también él se encontraba.
—Eso no pasará con ULISES, hemos tenido especial cuidado en ello, no hay ninguna posibilidad de que ULISES adquiera autoconciencia  ya que hemos incluido un circuito inhibidor. En el improbable caso de que eso ocurriera dicho circuito entraría en funcionamiento inutilizando el sistema de IA y dejando sólo  en funcionamiento las actividades controladas por un operador humano...
Justo en ese momento Sergei se dio cuenta de que estaba proporcionando una información confidencial a su principal enemigo así que decidió cambiar de tema rápidamente.
—Pero volvamos al tema de La Cueva. Suponiendo que acepte, tendríamos que ir esta noche, no hay tiempo para nada más, imaginemos que lo conseguimos los dos, ¿qué pasará entonces?
—Entonces cada uno contará con sus propias fuerzas ante el Consejo de Gobierno, ya que eso significará que ambos estamos capacitados para ir.
Sergei se preparó entonces para contraatacar, había decidido que era un riesgo inútil acceder a esa prueba que Eva le proponía. 
—Y sin embargo pienso que si ambos entráramos en La Cueva tú jugarías con ventaja.
—¿Qué quieres decir con eso? —Eva pareció realmente sorprendida ante tal afirmación.
Sergei soltó la primera bomba.
—Te suena el nombre de Zacarías León.
Eva palideció instantáneamente, bajó la mirada y se apoyó en uno de los sillones que adornaban el habitáculo, su fluidez de pensamiento desapareció por completo y sintió como su cuerpo empezó a temblar imperceptiblemente. Cuando vio que sus piernas también le fallaban tomó asiento en el sillón y se llevó las manos a la cara ocultando su rostro al triunfante semblante de Sergei, el cual parecía estar recibiendo algún tipo de mensaje en su intercomunicador. El mismo secreto que le daba la oportunidad de ser elegida se la quitaba ahora. Estaba claro que Sergei no se arriesgaría a entrar en La Cueva poseyendo el secreto que poseía. Necesitaba actuar con rapidez, sobreponerse como fuera, quizás estuviera derrotada pero lucharía hasta el final.
Cuando sintió el brazo de Sergei posarse sobre su hombro para ofrecerle un vaso de agua ligeramente coloreada, una idea acudió a ella .Sería su último intento, es más, si fallaba ella misma volvería a La Periferia. Recomponiendo el rostro como pudo y apartando el vaso con tal fuerza que todo su contenido fue a caer encima de la cama, Eva alzó la vista y enfrentando la mirada a la de Sergei consiguió sacar una débil voz, pero suficiente para volverla a situar en la lucha.
—Hay algo con lo que no cuentas—empezó a decir.
Sergei quedó un poco sorprendido, su Muerte Blanca había quedado desparramada por la cama. Ariadna le había informado a través del intercomunicador que no había podido convencer a Hugo y por tanto había decidido pasar al segundo plan suministrando la droga a Hugo. Esto cambiaba las cosas, ahora él hubiera tenido que drogar a Eva para que todo siguiera el plan prefijado. Miró de nuevo la droga derramada en la cama y por un momento quedó bloqueado, sin saber que hacer. Necesitaba pensar así que decidió seguir la conversación mientras improvisaba algo. 
—No creo que hables en serió, con un sólo  análisis descubrirán tu condición de imperfecta y serás apartada del Centro de Vuelo.
—Hay alguien más que conoce mi condición de imperfecta, alguien muy influyente que me apoya directamente y estaría dispuesto a dar la cara por mí. Alguien con tal poder dentro del Centro de Vuelo que sería capaz de influir para que se cambiara dicha ley acerca de que los imperfectos no pueden ser exploradores de órbitas.
—¿El Navegador Interestelar? —preguntó retóricamente Sergei sin aparente muestra de asombro. Ahora se explicaba por qué los detectives de la Comunidad de Observadores habían chocado con él en su primera investigación.
Eva se dio cuenta del cambio de actitud de Sergei y eso la fortaleció un poco más.
—Sí, puedes hablar con él y verás que no te miento. No creo que el Consejo de Gobierno quiera enfrentarse abiertamente a su Navegador, principalmente sabiendo que nadie aquí en el Centro está a su altura para poder sustituirle. Además, lo que sí te puedo confirmar es que me aseguró que, caso de no ser seleccionados, él estaría dispuesto a dimitir. Es un equilibrio, un empate, algo entre tú y yo Sergei. Sólo  una confrontación entre nosotros podrá resolver esto, sólo  La Cueva seleccionará el candidato idóneo.
La mente de Sergei, habitualmente clara y directa, empezaba a oscurecerse ante esta nueva complicación. La coacción estaba empezando a fallar, no conseguiría asustarla lo suficiente como para que se retirara. Además, ahora con Hugo drogado, todo había cambiado, necesitaba que Eva desapareciera para así poderla acusar del estado de Hugo. Todo hubiera ido como la seda sin aquel movimiento brusco e inesperado de Eva, ella hubiera caído drogada y hubiera sido abandonada en La Periferia. Cuando descubrieran a Hugo en estado de coma y a Eva desaparecida, los Observadores del Centro sumarían dos y dos y concluirían, no sin cierta ayuda suya, por supuesto, que Hugo había descubierto la condición de Eva de imperfecta y que ésta lo había envenenado huyendo posteriormente a La Periferia, al sitio que le correspondía por nacimiento. De esa forma todo quedaría enlazado y, cuando Hugo y Eva despertaran, seguramente ellos ya estarían pilotando la ICARO. Puede que incluso, si las filtraciones de la misión eran ciertas puede que ya no tuvieran que volver más al Centro, al menos al Centro de Vuelo que ellos conocían.
Pero ahora esa opción yacía allí, desparramada por la cama, sin ninguna utilidad ya. Sólo el reto que Eva le había planteado se le antojaba la única forma para que todo siguiera, al menos de manera aproximada, al plan fijado. Si no podía hacer que Eva abandonara el Centro drogada, lo haría aceptando su proposición, aceptaría ir a La Cueva. De todas formas tendría que ser una salida clandestina así que nada cambiaría. Ariadna sería lo suficientemente inteligente como para continuar el plan aunque el no estuviera allí con ella. ¿Qué otra opción le quedaba? Si Eva era capaz de afrontar aquella prueba y salir con vida él también lo era, no había tantas diferencias entre ambos. Repentinamente cambió la expresión de su rostro, y aparentando aceptación, dio a entender que le había convencido con un ligero asentimiento de cabeza.
—De acuerdo pero necesito saber que no juegas con ventaja —habló Sergei. Cuéntame que sabes de La Cueva.
—No mucho, en eso consiste su misterio —mintió Eva. Según los rumores allí habitan toda clase de aberraciones cromosómicas, seres que nunca serias capaz de imaginarte. Al parecer corre también el rumor que no es una cueva cerrada sino que, a través de pasadizos nunca encontrados, se comunica con algún valle secreto en que dichas aberraciones han logrado reproducirse. El reto consiste en entrar a través de una de las fisuras entre las rocas, llegar a la cámara principal, pasar allí el resto de la noche y salir por la mañana. Si ambos salimos, todo seguiría como hasta ahora, si sólo sale uno, La Cueva habrá seleccionado al más apto. Si ninguno de los dos salimos, Hugo y Ariadna serán los elegidos.
—Una pregunta más —insistió Sergei. ¿Alguien ha logrado sobrevivir?
Esta vez fue Eva la que sonrío triunfante. Ése era el reto que Sergei no podría rechazar, algo que le proporcionaría tanto prestigio  como tripular la ICARO, algo que le situaría en los libros de Historia como el primero en realizar una gesta. Algo, en definitiva, que su orgullo no podría rechazar. 
—Que yo sepa no, pero nunca ningún injertado lo ha intentado tampoco. Sólo  los imperfectos lo han usado como prueba de valor.
Un sentimiento de grandeza se apoderó de Sergei tal y como Eva había calculado, sus ojos brillaron como ella nunca había visto y antes de que volviera a hablar Eva supo que lo había conseguido.
—De acuerdo, lo haremos. Pero quiero saber una cosa más, ¿se pude entrar con algún tipo de armas? No me gustaría que me dispararás por la espalda una vez dentro.
Eva sonrió de nuevo. Si sus suposiciones acerca de lo que había en el interior de La Cueva eran ciertas, ningún arma le sería de utilidad.
—Sin armas, sólo  nuestros trajes de explorador, cuerdas, dos equipos de profundidad, y por supuesto las linternas.
—Necesitaremos ir a La Periferia sin que noten nuestra ausencia.
—No hay problema, conozco ambos mundos y se como llegar sin tener que atravesar las entradas y salidas oficiales —replicó Eva.
—¿Vamos entonces? —preguntó Sergei.
—Vamos —volvió a contestar Eva.

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